Estudié SEO, SEM y Analítica Web en Tecmilenio. Y me dio mucho gusto porque sentia qué algunos proyectos que técnicamente funcionaban bien no generaban nada. Y sabía que en parte era porque me faltaba analizar de manera correcta lo que sucede en cada web. El SEO ya conocía su mayoría: velocidad de carga, etiquetas, estructura de datos. Ya hacía esas cosas. La diferencia es que ahora entiendo de manera más profunda para qué sirven desde el lado del motor de búsqueda, no solo del desarrollador. No es lo mismo optimizar porque es buena práctica que optimizar porque sabes cómo Google decide si apareces o no. El SEM fue un poco más dificil de aprender. Gastar dinero para conseguir tráfico inmediato es lo complicado al suponer que solamente construyendo algo va a funcionar solo. Pero tiene sentido cuando el cliente necesita resultados en semanas, no en meses. Aprendí a diseñar campañas en Google Ads enfocadas en conversiones, no en clics, y a no confundirlas. Lo de GA4 y Google Tag Manager fue lo más útil a largo plazo. Ahora tengo un lenguaje para leer lo que hacen los usuarios después de llegar: qué abandonan, qué convierte, dónde se pierden. Antes tomaba decisiones por intuición; ahora al menos tengo datos con qué respaldarlas. Con esto, tengo suficiente contexto para no depender de otro para decidir si una estrategia digital tiene sentido o si es mejor realizar algún cambio para lograr los objetivos que como desarrollador buscamos y lo que el cliente busca.